La investigación revolucionaria de Henson sobre el afeitado y la piel.

On the left side of the image we see the results of one of our tests super imposed on the mans face.  On the right, an image of the MIMOSA Pro device.

A la gente no le interesan las cosas que no pueden cambiar.

Es la resignación de siempre. Cuando alguien reconoce un problema, pero siente que no puede influir en el resultado, lo normal es que acabe perdiendo el interés. El tráfico, el tiempo, el último escándalo político… es fácil volverse apático ante aquello que está fuera de nuestro control.

Con el afeitado ocurre algo muy parecido. Como la mayoría de los hombres ya dan por hecho la irritación al afeitarse, pero no entienden cómo evitarla, han acabado mostrándose indiferentes ante los productos que utilizan. En muchos casos, siguen afeitándose de una forma que ellos mismos reconocen como poco adecuada.

De hecho, la mayor parte de los consejos que circulan por internet sobre un afeitado agresivo se centran en minimizar o calmar el daño después de que se haya producido. Sorprende la poca información que existe sobre cómo evitarlo desde el principio (más allá de dejar de afeitarse por completo).

“¿Por qué cambiar algo si no sabes que puede existir una alternativa mejor?”

Eso mismo me dijo la doctora Karen Cross, CEO de MIMOSA Diagnostics, cuando nos reunimos con ella el mes pasado en el Nova Scotia Health Innovation Hub. “Nadie ha sabido explicar a una persona cómo afeitarse correctamente, ni cuál es el nivel real de sensibilidad de su piel”.

 Photo portrait of Dr. Karen Cross, CEO of Mimosa Diagnostics

La Dra. Karen Cross, CEO de MIMOSA Diagnostics

Este es el origen de nuestro proyecto de investigación actual con MIMOSA. Sabemos que cientos de millones de hombres tienen problemas al afeitarse, pero muy poca comprensión de qué hacer al respecto. Ni siquiera cuentan con las herramientas adecuadas para identificar por sí mismos cuál puede ser su predisposición a determinados resultados. Por ejemplo, muchos hombres que sufren irritación no creen tener la piel sensible.

En esencia, si podemos entender el problema, podemos tratarlo. O, dicho de otro modo, si ayudamos a educar a las personas, pueden obtener mejores resultados.

“Esta investigación científica analiza lo que ocurre por debajo de la superficie de la piel: la circulación, los cambios de temperatura, etc. Después, con la intervención del afeitado, podremos determinar si hubo un mayor flujo sanguíneo en esa zona o cuál fue el impacto del afeitado sobre el área de la piel. Y todo ello de forma no invasiva”, explica la doctora Karen Cross.

“Se trata de evidencia objetiva y cuantificable — y además, visual.”

Este proyecto, que se desarrollará en varias fases a lo largo de 14 meses, recopilará el mayor conjunto de datos empíricos hasta la fecha sobre el impacto del afeitado en la piel. No se limita a evaluar la eficacia del afeitado, sino que también amplía el conocimiento sobre la fisiología de la piel.


 
Obtención de imágenes de la piel de un participante con el MIMOSA Pro.


“Lo mejor de todo este proceso es lo que vamos a aprender”, dice una entusiasmada doctora Cross.

“La industria del afeitado, en cambio, ha vivido una ausencia casi total de datos empíricos.”

Si observamos otras categorías del cuidado personal, vemos una enorme cantidad de intervenciones eficaces que los consumidores pueden aplicar en ámbitos como la salud dental, el antienvejecimiento, la visión, etc. ¿Por qué? Porque llevamos décadas disponiendo de datos medibles sobre estos temas, lo que ha permitido a la industria desarrollar numerosas soluciones.

El afeitado, en cambio, ha carecido históricamente de datos empíricos y, por ello, no ha podido ofrecer soluciones realmente significativas… hasta ahora.

Todos sabemos que debemos cepillarnos los dientes al menos dos veces al día, usar hilo dental con regularidad y acudir a revisiones periódicas como parte de una rutina de cuidado bucodental saludable. ¿Cómo debería ser una rutina de afeitado saludable? Ya era hora de que el afeitado contara con el mismo nivel de comprensión.

Y cuando la gente entiende que algo puede hacerse mejor, es mucho más fácil que dé pasos concretos para lograr ese cambio.

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